Ráfagas- Duarte el Iluso

Ráfagas- Duarte el Iluso

Por Gilbert Arturo Rojas Rigaud

Duarte fue un soñador en una tierra de despiertos, un quijote que, armado de ideas, trazó en la arena de nuestra identidad una patria concebida como un altar de justicia, igualdad y libertad. Sin embargo, lo que hemos heredado no es más que una mala copia, un retazo desvaído de aquel lienzo visionario que nunca llegó a completarse.

Nos han vendido su sueño como si fuera una obra consumada, una maquinaria perfecta que opera desde los cimientos de nuestra historia, pero en verdad es un espejismo, un fraude orquestado con discursos huecos y conmemoraciones vacías.

República Dominicana no ha gozado nunca de la democracia luminosa ni de la justicia imparcial que Duarte dejó plasmadas como mandamientos en su ideario. Aquí, la libertad es un fantasma que vaga por corredores de desigualdad, la justicia es una balanza oxidada y amañada por los intereses de siempre, y la democracia se disfraza de espectáculo para entretener a un pueblo que a menudo confunde resignación con patriotismo.

Duarte soñó un edén de ciudadanos virtuosos, pero lo que habitamos es un archipiélago de desencantos, un laberinto en el que cada billete con su rostro parece recordarnos el fracaso colectivo de no haber entendido su mensaje. Seguimos celebrando a Duarte, no porque lo comprendamos, sino porque es más fácil glorificarlo muerto que encarnar el sacrificio que su sueño exige de los vivos.