Mujer reclama prestaciones tras ser cancelada del Ayuntamiento de Santo Domingo Norte

Por Darwin Feliz Matos

Santo Domingo Norte. – En un rincón de Sabana Perdida, entre la incertidumbre y la desesperanza, vive Celinda Romero, una madre soltera de siete hijos que aún espera lo que le corresponde por derecho: el pago de sus prestaciones laborales, tras haber servido durante cinco años en el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte (ASDN).

Su historia no es solo una denuncia. Es un grito de dignidad de quien, a pesar de las adversidades, se mantuvo firme barriendo calles, recogiendo desechos y sobreviviendo entre ratas, perros callejeros y residuos tóxicos, por un sueldo mínimo… y hoy, ni eso le han pagado.

“Yo entré en el 2017 y me cancelaron en el 2021 durante la gestión de Carlos Guzmán. Han pasado más de tres años y todavía no me pagan lo que me gané con sudor. Ahora con la nueva alcaldesa, Betty Gerónimo, la historia sigue igual”, cuenta Celinda, con los ojos llenos de rabia, pero también de cansancio.

Romero narra cómo le prometieron solución. “Me dieron un papel en mayo. Me dijeron que en 15 días o un mes me resolverían. Ya ha pasado mucho más tiempo y nada. Solo me tienen en vueltas, burlándose de mi necesidad”.

Un trabajo entre el abandono y el peligro

Celinda no tuvo un escritorio ni aire acondicionado. Su oficina fue la calle, su uniforme un guante roto y su rutina una exposición diaria a enfermedades. “Me comí los perros, los ratones, las cucarachas. Hasta una bacteria me agarró en el cerebro. Y ni así tengo un peso hoy. Es inhumano”, recuerda con la voz quebrada.

Lo más doloroso, según dice, no es solo el dinero que no le pagan, sino la desigualdad que ha visto de cerca: “Hay gente que ni trabajó y ya cobró. Pero tienen conexiones políticas. ¿Y yo? Que dejé mi vida ahí, ¿no valgo nada?”

Temor y resistencia

Aunque teme por su seguridad, Celinda ha decidido hablar. “Si algo me pasa, esta denuncia será mi voz. Yo no tengo miedo. Tengo hijos y familia, y no me voy a morir sin que se escuche mi reclamo”.

Su caso es el reflejo de una deuda social más grande: La indiferencia frente a los trabajadores humildes que lo dieron todo, pero a quienes las autoridades les han dado la espalda.

Hoy, Celinda Romero no pide favores. Exige justicia. Y lo hace en nombre de todos los que, como ella, han sido invisibles para un sistema que sigue fallando a los más vulnerables.