“Teteo” sin control y calles inundadas: el calvario cotidiano de Los Solares, en El Almirante

“Teteo” sin control y calles inundadas: el calvario cotidiano de Los Solares, en El Almirante

Santo Domingo Este.– Cuando cae la noche en el sector Los Solares, el descanso se vuelve una ilusión y la lluvia, una amenaza. Entre música ensordecedora, calles anegadas y una inseguridad que muta de rostro, los residentes describen su día a día como un ejercicio constante de resistencia.

Cada noche, desde las 10:00 y hasta bien entrada la madrugada —a veces hasta las 5:00 de la mañana— distintos puntos del sector se transforman en escenarios de un “teteo” improvisado y persistente. Vehículos estacionados, baúles abiertos, bocinas al máximo volumen, sillas en la acera y bebidas compartidas sin límite ni control. Lo que para unos es fiesta, para otros es una condena repetida.

Los vecinos aseguran que, aunque llaman a la Policía, la calma solo dura lo que tarda la patrulla en desaparecer. Luego, el ruido regresa con más fuerza, casi como un acto de desafío. La sensación de abandono institucional alimenta la angustia colectiva.

Vivir sin dormir

Gregorio Batista cuenta que su casa vibra de madrugada como si las bocinas estuvieran dentro. “Prenden esos radios a las 10:00 de la noche y a las 3:00 de la mañana todavía el ruido no deja dormir. Yo trabajo temprano; incluso he pensado mudarme”, dice, resignado, con la voz cargada de cansancio.

Karla, presidenta de la junta de vecinos Estados Unidos para Todos, relata que el ruido ha trastocado incluso su sustento. “A veces tengo que cerrar la cafetería porque ni jugando dominó nos escuchamos. Cuando la policía se va, suben el volumen de maldad. Hasta ponen un vigilante para avisar si viene la patrulla”, denuncia.

Calles que no drenan, problemas que no se van

A la falta de descanso se suma el deterioro vial. La calle Duarte, en su salida hacia La Toronja, permanece inundada incluso sin lluvias. Los baches profundos obligan a los conductores a maniobras peligrosas y convierten cada trayecto en una prueba de paciencia.

La raíz del problema, aseguran los residentes, es la ausencia de un sistema de drenaje funcional. “Cualquier bacheo se pierde. No tenemos aceras porque el agua las destruye. Limpian los filtrantes, pero se tapan otra vez con la basura que arrastra la lluvia”, lamenta Karla. Para proteger sus viviendas, algunos vecinos han tenido que levantar muros improvisados en las entradas.

Inseguridad con otro rostro

La delincuencia también ha encontrado nuevas formas de camuflaje. Lo que empezó como un juego con pistolas de bolas de gel terminó convirtiéndose en una coartada para atracos.

Miguel, quien pide omitir su apellido por temor, relata un episodio reciente: “En una calle paralela atracaron a todo el que pasaba. Usaban pistolas de bolitas para intimidar, pero otros sacaban armas de verdad. Era una trampa”.

Así, entre el estruendo nocturno, el agua estancada y el miedo, Los Solares vive atrapado en una rutina de desgaste. Un sector donde la noche no descansa, las calles no drenan y la paciencia de la gente comienza a agotarse, mientras esperan —cada día con menos fe— que alguien escuche lo que ya no pueden decir en voz baja.