Por Darwin Feliz Matos
Villa Mella amaneció distinta este sábado. No solo porque el presidente Luis Abinader cortó la cinta inaugural del Polideportivo Club Rafael Osvaldo Mercedes (CROM), sino porque con ese acto simbólico se cerró un ciclo de seis décadas de espera y promesas incumplidas. Lo que por años fue un sueño diluido entre el polvo de los solares abandonados y la desidia institucional, hoy se levanta como un emblema de dignidad y esperanza para la juventud de Santo Domingo Norte.
La historia de esta obra se confunde con la propia historia del desarrollo —o la falta de él— en Villa Mella. Generaciones enteras crecieron viendo cómo los materiales destinados a la construcción de su polideportivo se deterioraban con el salitre y el abandono, mientras los jóvenes encontraban en las calles la única cancha disponible. Por eso, cuando el balón rodó por primera vez sobre el nuevo tabloncillo del CROM, no solo comenzó un partido: comenzó la reivindicación de una deuda histórica.
El presidente Abinader, durante su intervención, recordó que este polideportivo forma parte de un programa que contempla la construcción de 30 instalaciones deportivas en el Gran Santo Domingo. Pero más allá de la cifra, lo que se respira en el ambiente es la sensación de justicia social. Porque el deporte, más que competencia, es cohesión; más que espectáculo, es prevención. Y Villa Mella lo sabe bien.
Detrás de esta obra también hay una historia de gestión, compromiso y seguimiento constante. Ángel de la Cruz, presidente de la Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Barrial, jugó un papel decisivo para que el sueño se hiciera realidad. Desde el día en que se dio el primer picazo, no descansó hasta ver culminado el proyecto, acompañando cada etapa de los trabajos y asegurando que la comunidad recibiera finalmente su polideportivo. Su dedicación fue un reflejo de que, cuando hay voluntad, la obra pública puede avanzar con eficiencia y sentido humano.
En este nuevo espacio, donde antes hubo promesas rotas, ahora habrá disciplina, convivencia y formación. El ruido de los tableros, los aplausos y las risas juveniles sustituirán al silencio del abandono. Este polideportivo no solo servirá para entrenar atletas, sino para reconstruir comunidad y tejido social.
Abinader también aprovechó el acto para anunciar otras iniciativas en Santo Domingo Norte: obras de saneamiento, agua potable, educación y salud. Pero es el deporte —ese lenguaje universal que no distingue clase ni credo— el que hoy marca el pulso emocional del municipio.
Villa Mella vuelve a tener motivo para celebrar. No solo porque se estrena una instalación moderna, sino porque se honra la memoria de quienes lucharon por verla hecha realidad. Sesenta años después, el juego al fin comienza, y esta vez, el marcador empieza a favor de la comunidad.
